¡Como no tener éxito en el negocio de la lavandería!

Sí, habría sido más tradicional titular este artículo ”Cómo tener éxito en el negocio de la lavandería.”
Opté por el enfoque no ortodoxo porque resulta más dramático.

Considero que, en esencia, existen cinco elementos fundamentales que motivan a los seres humanos: el miedo, la avaricia, la culpa, la exclusividad y la necesidad de tener aprobación. Catalogo al “miedo” como uno de los mejores captadores de atención de todos los tiempos. A ningún propietario le gusta fracasar en su negocio. ¡Jamás subestimes el factor miedo!

Ahora que ya tengo tu atención y tu corazón está latiendo con fuerza y las palmas de tus manos están un poco sudorosas, adentrémonos en las distintas formas en las que podemos fracasar en el negocio de la lavandería de autoservicio.

Mi dicho predilecto es: “Apuesto al jinete, no al caballo.” El jinete gana la carrera, y el caballo simplemente es el vehículo que le da a él o ella la oportunidad de hacerlo. Mi segundo dicho favorito es: “Tener una pistola no te hace pistolero.” Debes saber cómo usar la pistola.

El punto es que el simple hecho de establecer, tener o comprar un negocio de lavandería no te garantiza que sea exitoso. Te sorprendería la cantidad de propietarios de pequeños negocios (y de futuros propietarios) a quienes brindo asesoría que, simplemente, no comprenden este concepto básico. Estos propietarios no son ni buenos jinetes ni pistoleros competentes. No practican los elementos básicos correctos de un negocio todos los días.

Así pues, simplifiquémoslo. A continuación te presento mi fórmula paso a paso para el fracaso. Te garantizo que funciona en todo momento para los propietarios de lavanderías.

  • Asegúrate de estructurar tu lavandería de modo que los clientes tengan que trabajar más duro que tú. Establece tus horarios de funcionamiento alrededor de tu programa de actividades, y no de las actividades de tus clientes. No hay razón para tener abierto hasta tarde. Cierra temprano los domingos. Recuerda, todo gira alrededor de tus actividades. ¡Tú también tienes una vida!
  • No hay ningún problema si tus empleados se toman la molestia de ser antipáticos. No tienen que ser comedidos. Déjalos en paz. A los empleados debe permitírseles estar de pie recargados en la pared y utilizar su teléfono celular para chatear con sus amigos. Si pueden recargarse, ciertamente pueden limpiar, si se les indica que lo hagan.
  • La limpieza está sobrevaluada. Una lavandería sucia no es el fin del mundo. ¿Quién tiene tiempo para tener las cosas limpias cuando toda esa gente anda de un lado para otro? No olvides pegar un letrero en tu establecimiento que diga: “No se permiten niños.”
  • Asegúrate de que tus máquinas expendedoras de refrigerios y bebidas nunca estén llenas. Asegúrate de que tengan tus artículos favoritos, aun cuando a los clientes no les interesen. Vender estos artículos no es lo más importante, ¿o sí?
  • Asegúrate de que varias de tus lavadoras estén siempre descompuestas. Nadie es perfecto. Cuando esto ocurra, simplemente pega una hoja sucia de papel sobre la lavadora que diga “N/F”. Los clientes adivinarán lo que significa, especialmente si lo ven con suficiente frecuencia.
  • No tienes por qué respetar a tus clientes. No va contra la ley que los des por seguros. Demonios, ¿qué van a hacer? Viven en el vecindario. ¿Acaso no tienen que utilizar tu lavandería? Además, los señalamientos pobres o inapropiados dentro de la tienda no son un gran problema. Al final de cuentas, los clientes averiguarán qué hacer.
  • No te enfoques en el dinero y los registros. Solamente se trata de efectivo, ¿cierto? Si necesitas algo de dinero, simplemente tómalo. Es tuyo, ¿o no? Las cuentas pueden esperar, si fuera necesario.
  • No prestes atención a la publicidad. Las personas encontrarán por sí solas tu lavandería. Ahórrate cualquier incentivo para los clientes. Después de todo, la naturaleza crea la ropa sucia y la gente seguirá utilizando tus lavadoras, pase lo que pase.
  • No toleres nada. Pelea con los clientes por pequeñeces; les encantará la batalla. Su punto de vista no importa. Es tu tienda y tú puedes dirigirla como se te pegue la gana.
  • No es necesario tener una máquina que dé cambio. Si un cliente tiene un billete de alta denominación, déjalo que vaya al banco más cercano. A los clientes no les importa andar conduciendo con mal clima para tener la oportunidad de hacer uso de tu lavandería.
  • Limita el uso de tu aire acondicionado; cuesta dinero calentar y enfriar. En verano, mantén las puertas abiertas. Unos cuantos bichos volando por ahí no asustarán a nadie.
  • Jamás remodeles o renueves tu tienda. No reemplaces ni agregues lavadoras. Si funcionaron bien hace 20 años, deben funcionar bien ahora. ¡La apariencia retro es lo de hoy!

Aunque algunas personas podrían tener sugerencias adicionales, estos son los ingredientes esenciales de la fórmula para el fracaso. ¿Alguno de ellos tocó una fibra sensible? Puedo asegurarte que si los incorporas todos o unos cuantos en tus operaciones, tendrás el fracaso a la vuelta de la esquina.

El mensaje más importante radica en que todo tiene que ver contigo y con la forma como operes tu tienda. La actitud es fundamental. Instala un espejo en tu oficina y consúltalo diario para preguntarle sobre tus defectos administrativos y para poder verlos.

Sé proactivo, no reactivo. Si haces que las cosas ocurran, lo más probable es que ocurran para ti. Si observas que las cosas ocurren, es probable que ocurran para ti.

Muchas veces me han preguntado cuál es la clave para el éxito en el negocio de lavanderías de autoservicio. Yo les digo: “Hay cinco cosas. Primero, haz siempre las cosas fundamentalmente correctas en todo momento. Las otras cuatro ya se me olvidaron.”

Si estás fallando en algunas áreas, cambia de dirección. El éxito consiste en la suma de todas tus decisiones. Puedes tomar las decisiones correctas.

Tener un negocio exitoso es una experiencia maravillosa y satisfactoria. Ser totalmente honesto con respecto a ti mismo y a tus métodos de operación será extremadamente importante para llevarte al destino correcto. Esfuérzate por tener una gran lavandería, que esté cargada de servicios extra. Te garantizo que cuando alcances ese estatus y alguien te pregunte cómo te sientes, tu respuesta será: “Me siento tan bien ¡que pagaría cien dólares por tener un dolor de cabeza!”

Stephen M. Bean

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